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Cicatrices de acné: qué técnica va con cada tipo (y por qué una sola casi nunca basta)

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La pregunta que casi siempre viene mal planteada

"Doctor, ¿qué me sirve para las cicatrices del acné?"

Es probablemente la pregunta más repetida en la consulta de pacientes que ya ganaron la batalla difícil. Controlaron el acné —con meses de tratamiento, con constancia, a veces con medicamento sistémico— y ahora se enfrentan a lo que quedó. La piel ya no les brota, pero la textura no es la de antes.

El problema con la pregunta es la palabra "las". "Las cicatrices" no existen como categoría única. Lo que existe es un conjunto de lesiones distintas, con mecanismos distintos, que conviven en la misma mejilla y que responden a herramientas distintas. Y aquí está el origen de la mayor parte del dinero que se gasta sin resultado: alguien compra un tratamiento excelente aplicado al tipo de cicatriz equivocado.

Es como pedir "una herramienta para arreglar la casa". ¿Cuál? ¿Para qué? Un desarmador impecable no sirve de nada si el problema es una tubería.

Este artículo es el mapa que uso en consulta. Primero separamos lo que no es cicatriz —y que sí se va sola o con tratamiento tópico—, luego clasificamos lo que sí lo es, y al final explico qué técnica corresponde a cada una y por qué casi siempre terminamos combinando varias.

Primero lo primero: ¿es mancha o es cicatriz?

Esta distinción es la más importante de todo el artículo, y la que más veces cambia el plan de tratamiento en consulta. Muchísimos pacientes llegan pidiendo láser para algo que no necesita láser.

Cuando un grano inflamado se resuelve, puede dejar tres cosas distintas:

1. Eritema postinflamatorio. Una marca rosada, roja o violácea. No es pigmento: son vasos sanguíneos dilatados que quedaron en la zona donde hubo inflamación. Se ve más en pieles claras y en zonas donde el grano fue muy inflamatorio. Es temporal. Tarda semanas o meses, a veces más de un año en pieles muy reactivas, pero el tejido está completo. La piel no perdió nada.

2. Hiperpigmentación postinflamatoria. Una marca café, gris o parda. Aquí sí es pigmento: la inflamación estimuló a los melanocitos y estos depositaron melanina de más. Es muchísimo más frecuente y más persistente en fototipos IV y V —es decir, en la mayoría de la población del área metropolitana de Monterrey—, y es la razón por la que dos personas con el mismo acné terminan con secuelas visualmente muy distintas. También es temporal, aunque puede tardar meses o años sin tratamiento dirigido. El tejido, otra vez, está completo.

3. Cicatriz verdadera. Aquí sí hubo pérdida o desorganización permanente de tejido. La inflamación destruyó colágeno (cicatriz atrófica: un hundimiento) o disparó una producción desordenada de colágeno (cicatriz hipertrófica: un abultamiento). Esto no se va solo. Nunca. Ninguna crema, ningún sérum, ningún tiempo de espera lo resuelve, porque no hay nada que "aclarar": hay arquitectura faltante o sobrante.

Por qué importa tanto: el eritema y la hiperpigmentación se tratan con fotoprotección estricta, despigmentantes tópicos, retinoides, peelings químicos y paciencia. La cicatriz verdadera se trata con procedimientos que reorganizan tejido. Si usas lo primero para lo segundo, no pasa nada durante meses y te frustras. Si usas lo segundo para lo primero, gastas de más y —peor— en piel morena puedes detonar más pigmento y empeorar exactamente lo que querías quitar.

La prueba de la luz lateral

Hay una forma sencilla de orientarte antes de la consulta. Párate frente al espejo con una lámpara o el celular iluminando tu cara desde un costado, casi paralelo a la piel, no de frente.

  • Si la marca desaparece cuando la luz llega de lado y solo se ve de frente → es mancha (pigmento o eritema). Es plana.
  • Si la marca aparece o se hace más evidente con la luz lateral, porque proyecta una sombra → es relieve. Hay cicatriz.

Otra pista rápida: estira suavemente la piel con dos dedos. Si la depresión se aplana casi por completo, hay buen pronóstico con técnicas de estímulo de colágeno. Si se queda hundida por más que estires, suele haber una banda fibrosa amarrando el fondo desde abajo, y eso pide otra herramienta (la veremos en la sección de rolling).

Esto no sustituye la valoración clínica —en consulta clasificamos con luz polarizada y dermatoscopia, y las mezclas son la regla, no la excepción—, pero te da un mapa mental antes de entrar.

Los cuatro tipos de cicatriz (y por qué el nombre sí importa)

La clasificación estándar en dermatología no es un tecnicismo de congreso. Es literalmente el árbol de decisión terapéutico: la morfología de la cicatriz predice qué le va a funcionar.

Ice pick (en picahielo). Son las más estrechas y las más profundas. Piensa en un pozo: apertura mínima en la superficie, pero un trayecto fibroso que baja en vertical hasta la dermis profunda. Se ven como poros muy abiertos y oscuros, típicamente en mejillas y sienes. Son las más difíciles de tratar, y la razón es geométrica: casi cualquier tecnología de superficie trabaja los primeros milímetros y no alcanza el fondo del túnel.

Boxcar (en cajón). Depresiones de bordes verticales bien definidos y fondo plano, como si alguien hubiera sacado un pedacito rectangular u ovalado de piel. Pueden ser superficiales o profundas. Son las que mejor responden a las tecnologías que remodelan superficie, porque el problema está en las paredes y en el fondo, no en un anclaje profundo.

Rolling (onduladas). Son las más traicioneras porque no son un hoyo: son un jalón. La piel de la superficie está normal, pero abajo quedaron bandas fibrosas que la amarran hacia la dermis profunda, como botones de un colchón. El resultado es una superficie ondulada, con luces y sombras suaves, sin bordes definidos. Y aquí viene el punto clave: por más colágeno que estimules en superficie, si no cortas el amarre, la piel sigue jalada hacia abajo.

Hipertróficas (y queloides). El extremo opuesto. En lugar de faltar tejido, sobra: la cicatriz está elevada, firme, a veces rosada o pruriginosa. Son más frecuentes en tronco, hombros, espalda y mandíbula que en mejillas. Tratarlas con las mismas técnicas que las atróficas es un error frecuente y contraproducente, porque estimular colágeno donde ya hay exceso de colágeno es ir en la dirección equivocada.

Qué herramienta va con cada tipo

Subcisión: la respuesta a las rolling

Si tienes cicatrices onduladas, esta sección es la más importante para ti. La subcisión es un procedimiento en el que, con una aguja o cánula introducida bajo la piel, se liberan mecánicamente las bandas fibrosas que están anclando la cicatriz al plano profundo. Es cortar los hilos del títere. Al liberarse, la piel sube, y el espacio que queda se organiza con tejido nuevo durante las semanas siguientes.

No es una técnica nueva ni exótica, y su evidencia es específicamente buena en este subtipo. Un ensayo aleatorizado de cara dividida con evaluador cegado —es decir, cada paciente sirvió como su propio control— mostró mejoría significativa en cicatrices rolling con subcisiones repetidas frente al lado no tratado.

Dos cosas que hay que decir con honestidad: la subcisión casi siempre deja equimosis (moretón) durante varios días, y rara vez basta con una sola sesión —las bandas fibrosas tienden a reformarse parcialmente, y por eso se planean sesiones repetidas. A cambio, es la única herramienta del catálogo que resuelve el problema mecánico de fondo. Ninguna energía aplicada desde la superficie hace lo que hace la subcisión.

Láser CO2 fraccionado: textura, boxcar y superficie

El láser CO2 fraccionado es ablativo: crea columnas microscópicas de tejido tratado separadas por piel intacta, y esa piel intacta es la que permite la reparación rápida. La respuesta es doble: contracción inmediata y, sobre todo, neocolagénesis progresiva durante los meses siguientes.

Es la herramienta de mayor potencia remodeladora que tenemos para boxcar y textura general. También es la que más tiempo de recuperación exige —enrojecimiento y descamación durante días— y la que más respeto merece en piel morena, porque el riesgo de hiperpigmentación postinflamatoria de rebote es real y hay que anticiparlo con preparación previa de la piel, fotoprotección estricta y ajuste de intensidad. No hay parámetros universales: eso se decide en la valoración, con tu fototipo y tu historia de manchas en la mano.

En ice pick, el CO2 fraccionado clásico suele quedarse corto por lo que explicaba antes: la profundidad del túnel. Aquí el abordaje es punto por punto, focal, lesión por lesión, más que un barrido de toda la mejilla —y es, francamente, la categoría donde hay que ser más claro con las expectativas.

Radiofrecuencia fraccionada con microagujas: la alternativa con menos costo pigmentario

La radiofrecuencia fraccionada con microagujas deposita energía térmica en la dermis a través de agujas, y aquí está su ventaja conceptual: puede trabajar en profundidad respetando en mayor medida la epidermis y la unión dermoepidérmica, que es justo donde vive el melanocito. Menos agresión a ese nivel significa, en la práctica, menos riesgo de dejar mancha en pieles morenas.

Un ensayo prospectivo aleatorizado de cara dividida comparó directamente radiofrecuencia fraccionada con microagujas contra láser CO2 fraccionado en cicatrices atróficas faciales, evaluando eficacia, recuperación y seguridad pigmentaria.

En consulta suelo inclinarme por radiofrecuencia fraccionada cuando el paciente tiene fototipo alto con antecedente claro de manchas que tardan meses en irse, cuando el componente predominante es textura y rolling residual más que boxcar profunda, o cuando la vida laboral no tolera una recuperación visible prolongada. Y me inclino por CO2 cuando la prioridad es potencia remodeladora sobre boxcar marcadas y el paciente puede sostener el periodo de recuperación y la disciplina de fotoprotección posterior.

PRP: coadyuvante, no protagonista

El plasma rico en plaquetas (PRP) se obtiene procesando una muestra de sangre del propio paciente para concentrar la fracción plaquetaria, rica en factores de crecimiento, y aplicarla en la zona tratada. Su papel en cicatrices de acné es adyuvante: no reorganiza arquitectura por sí solo, pero sumado a un procedimiento que sí lo hace, se ha estudiado como forma de mejorar la respuesta y acortar el tiempo de recuperación posterior.

Un estudio aleatorizado, doble ciego y de cara dividida evaluó precisamente esto: PRP, ácido hialurónico no reticulado y su combinación, en pacientes tratados con láser CO2 fraccionado.

Dicho con claridad: el PRP solo, sin un procedimiento que lo acompañe, no es un tratamiento de cicatrices atróficas. Si alguien te lo ofrece como monoterapia para borrar cicatrices, estás pagando por lo accesorio y no por lo principal. Como complemento dentro de un plan, tiene sentido.

Hipertróficas: el carril aparte

Si tu cicatriz está elevada, no la metas en este esquema. Las hipertróficas y queloides se manejan con una lógica completamente distinta —antiinflamatoria y antifibrótica, no de estímulo de colágeno— y necesitan valoración específica, sobre todo si están en tronco o mandíbula, si te pican, o si tienes antecedente familiar de queloides. Aplicarles un protocolo de cicatriz atrófica puede empeorarlas.

Por qué casi siempre es combinación

Aquí está la conclusión práctica del artículo, y la razón por la que desconfío de cualquier plan que te ofrezca una sola tecnología para todo.

La mejilla promedio de un paciente con secuelas de acné moderado a severo tiene rolling en la zona alta, boxcar en la región malar, ice pick cerca de la nariz y algo de hiperpigmentación encima de todo. Son cuatro problemas distintos en quince centímetros cuadrados. Es matemáticamente improbable que una sola herramienta los resuelva todos.

La literatura comparativa apunta consistentemente en esa dirección: al contrastar láser CO2 fraccionado contra modalidades basadas en agujas, ninguna resulta universalmente superior, y el rendimiento depende del contexto y del subtipo tratado.

La secuencia lógica que seguimos en consulta suele ser: primero liberar, después remodelar, y al final pulir el pigmento. Se empieza por la subcisión donde hay anclaje, porque no tiene sentido remodelar superficie sobre una piel que sigue jalada desde abajo. Semanas después entra la tecnología de remodelación —CO2 o radiofrecuencia fraccionada según fototipo, tipo predominante y tolerancia a la recuperación—. Y el manejo del pigmento corre en paralelo de principio a fin, con tópicos y fotoprotección, porque cada procedimiento es en sí mismo un estímulo inflamatorio que puede dejar marca si la piel no está preparada.

Varias sesiones, espaciadas semanas entre sí, con resultados que se siguen construyendo durante meses después de la última. El colágeno nuevo no se produce en 48 horas. La foto de "antes y después" honesta se toma medio año después, no al día siguiente.

La piel debe llegar preparada

Un punto que en consulta no negocio: no se tratan cicatrices con acné activo encima. Si sigue habiendo lesiones inflamatorias, cada procedimiento se hace sobre un terreno que está produciendo cicatrices nuevas mientras intentamos corregir las viejas, y además el riesgo de brote posterior y de pigmentación sube.

Lo mismo aplica al melasma no controlado, a la barrera cutánea irritada por exceso de activos, y a la piel que viene de semanas de exposición solar intensa —relevante en Monterrey, donde de mayo a septiembre el índice UV rebasa con frecuencia el nivel "extremo"—. Primero se controla lo activo. Después se corrige la secuela. En ese orden, siempre.

Lo que ninguna técnica hace

Por transparencia, porque es la parte que menos se dice en redes sociales:

  • Ninguna técnica borra las cicatrices atróficas al 100%. El objetivo realista es mejorar profundidad, textura y cómo la piel refleja la luz. Una mejoría honesta se percibe como "se ve mucho mejor", no como "ya no tengo nada".
  • Ninguna sesión única cambia una cara. Quien lo promete está vendiendo, no tratando.
  • Ninguna crema levanta una cicatriz atrófica. Las cremas trabajan calidad de piel y pigmento, que no es poco, pero no reconstruyen arquitectura.
  • Ningún plan serio se arma sin haber clasificado antes. Si nadie te miró la piel con luz lateral y te dijo qué tipos tienes y en qué proporción, el plan es genérico.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo debo esperar después del acné para tratar las cicatrices?

Lo que manda no es el calendario sino la actividad. La regla práctica es que no haya lesiones inflamatorias nuevas y que el tratamiento del acné esté estabilizado. Si estuviste con tratamiento sistémico, hay un periodo de espera adicional antes de procedimientos ablativos que se define individualmente en consulta. Mientras esperas, la fotoprotección diaria es lo que más te conviene: reduce la hiperpigmentación que se va a sumar a la cicatriz.

Tengo la piel morena, ¿el láser CO2 me va a manchar?

El riesgo existe y es mayor en fototipos altos, pero es manejable: se anticipa con preparación previa de la piel, ajuste de intensidad, fotoprotección estricta y seguimiento cercano. En algunos perfiles —antecedente claro de manchas que tardan meses en aclararse— prefiero directamente la radiofrecuencia fraccionada con microagujas, que agrede menos la unión dermoepidérmica. Es exactamente el tipo de decisión que se toma con tu historia clínica enfrente, no leyendo un artículo.

¿Cuántas sesiones voy a necesitar?

Depende de qué tipos de cicatriz tengas y en qué proporción, y de qué tan profundas sean. Lo que sí puedo anticiparte es que plural: los planes de una sola sesión no corresponden a cómo funciona la remodelación de colágeno. En la valoración se define el número estimado, el espaciamiento y en qué momento se revisa el avance.

¿Sirve el microagujado que venden para casa?

Para cicatrices atróficas, no. Los dispositivos domésticos trabajan a profundidad muy superficial por diseño de seguridad, que es justo lo contrario de lo que una cicatriz necesita, y mal usados pueden dejar irritación, infección o más pigmento. Es un tema que merece su propio espacio: lo desarrollamos en microagujado en casa vs. en clínica.

Me quedaron marcas rojas, ¿eso es cicatriz?

Probablemente no. El enrojecimiento residual suele ser eritema postinflamatorio y tiende a resolverse con el tiempo, fotoprotección y manejo tópico. Haz la prueba de la luz lateral: si la marca es plana y desaparece con luz rasante, no estás ante una pérdida de tejido. Eso cambia por completo el tratamiento y, casi siempre, lo abarata.

¿El PRP solo puede arreglarme las cicatrices?

No como tratamiento único. El PRP se usa como coadyuvante de un procedimiento que sí reorganiza tejido —subcisión, CO2 fraccionado, radiofrecuencia con microagujas—, con la idea de apoyar la reparación posterior. Ofrecido en solitario contra cicatrices atróficas, no corresponde a lo que la evidencia sostiene.

¿Se puede hacer todo en la misma sesión?

A veces sí y a veces conviene separar. Hay combinaciones que se realizan en el mismo tiempo quirúrgico y otras donde es preferible esperar entre una y otra para que el tejido se reorganice antes del siguiente estímulo. Esa secuencia es parte del plan que se diseña en la valoración inicial, no algo que se improvise sobre la marcha.


¿Ya controlaste el acné pero te quedaron las marcas y no sabes cuáles se van solas y cuáles no? En dermatologia.mx clasificamos tus cicatrices en consulta —tipo por tipo, zona por zona— y armamos un plan que combina subcisión, láser CO2 fraccionado, radiofrecuencia fraccionada con microagujas y PRP según lo que realmente tengas, con expectativas claras desde el primer día. Consulta con el Dr. Jorge Garza Gómez en el Edificio Delta, Monterrey. 📲 WhatsApp: wa.me/528116895477

📌 Lectura relacionada. Si tu duda es cómo ajustamos el protocolo específicamente en piel morena para no detonar hiperpigmentación, lee aquí el criterio completo por fototipo.

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Sobre el autor

Dr. Jorge Garza Gómez

Dr. Jorge Garza Gómez

Dermatólogo egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León (U.A.N.L.), certificado por el Consejo Mexicano de Dermatología. 15 años de práctica clínica en dermatología médica, dermocosmética y cirugía dermatológica. Doctorado en Medicina (2014). Co-autor de los consensos nacionales mexicanos sobre uso de isotretinoína en acné (2011 y 2018) y de un estudio sobre epidermólisis bullosa distrófica recesiva publicado en el International Journal of Dermatology (2014). Fundador de Eukarya PharmaSite, centro de investigación clínica con más de 10 años de trayectoria en ensayos dermatológicos. Atiende su práctica privada en dermatologia.mx (Monterrey).

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